(Ando falto de tiempo para explayarme sobre algún tema en concreto, así que me permitiré por hoy tirar de Hemeroteca.) Feliz fin de semana!!!
Cuando conduzco, me molesta que quien está junto a mi, me diga por donde ir, que frene o me grite ¡cuidado!.
Yo soy el conductor. Yo se porque hago lo que hago. Y el conductor es el único que lo sabe. Nunca hago caso de quien quiere decirme como conducir, porque por eso pasan accidentes.
Un hombre, mientras su hija conducía un coche, le dijo que acelerara para evitar un Trailer. Su hija le hizo caso, pero no llegó a pasarlo. El trailer se llevó el coche. Afortunadamente viven para contarlo.
Este ejemplo tiene muchas similitudes con la vida.
Nuestro coche se llama “vida” y cada uno tenemos un “coche” propio. Todos somos los conductores de nuestra propia vida.
La sensación de libertad, de asumir el control del volante de tu vida, te dará una seguridad y energía interior que no tiene precio. Desafortunadamente, muchos no asumen esa responsabilidad. Son conductores miedosos, que les gusta preguntar a cada pasajero que llevan que deben hacer.
Y como resultado, tienen accidentes o no están satisfechos con su vida. ¿Por qué siguen escuchando los consejos de otros, cuando no están satisfecho con los resultados? Simple. Es más fácil culpar a otros de sus fracasos, que ser responsables de sus decisiones.
Es el caso de la chica que le pregunta a la mamá ¿Qué debo estudiar?, O el caso del chico que pregunta ¿Cuál carrera da más dinero?
El precio de seguir los impulsos del corazón, de tomar tus propias decisiones, es la posibilidad de fracasar.
Nadie puede esperar tener éxito con tan solo unos intentos. La historia está llena de hombres que estuvieron peleando por sus ideas, y que después de fracasos temporales, obtuvieron el éxito. Aplicaron la persistencia en sus sueños.
Para un militar, su orgullo son las heridas de guerra. Y para el hombre de negocios, hablar de sus fracasos antes de alcanzar la cima.
Aunque las derrotas temporales causen dolor… cuando sean cosa del pasado, será divertido recordarlas. Le darán más valor al éxito.
Hay que detener a esas personas mata pasiones, y no escucharlas cuando quieran dirigir el coche de tu vida, a una velocidad diferente a la que tú lo haces. No conocen porqué haces lo que haces. No conocen tu vida, como tú la conoces. No comprenden tus sueños y motivos.
Pero ellos en sus consejos, proyectan lo que son. Lo que hacen. Lo que harían en tu lugar.. Y si les haces caso… vas a acabar siendo como ellos.
Las personas que han tenido éxito, primero se escuchan a sí mismas. Fueron tercas en escucharse primero a ellas mismas, antes que a los demás.
Experimentad la emoción de conducir el coche de vuestra vida. Disfrútadlo a tu ritmo, a vuestra manera.
¡Suerte!
(Texto adaptado del original de Edgar Martínez. México)
Yo soy el conductor. Yo se porque hago lo que hago. Y el conductor es el único que lo sabe. Nunca hago caso de quien quiere decirme como conducir, porque por eso pasan accidentes.
Un hombre, mientras su hija conducía un coche, le dijo que acelerara para evitar un Trailer. Su hija le hizo caso, pero no llegó a pasarlo. El trailer se llevó el coche. Afortunadamente viven para contarlo.
Este ejemplo tiene muchas similitudes con la vida.
Nuestro coche se llama “vida” y cada uno tenemos un “coche” propio. Todos somos los conductores de nuestra propia vida.
La sensación de libertad, de asumir el control del volante de tu vida, te dará una seguridad y energía interior que no tiene precio. Desafortunadamente, muchos no asumen esa responsabilidad. Son conductores miedosos, que les gusta preguntar a cada pasajero que llevan que deben hacer.
Y como resultado, tienen accidentes o no están satisfechos con su vida. ¿Por qué siguen escuchando los consejos de otros, cuando no están satisfecho con los resultados? Simple. Es más fácil culpar a otros de sus fracasos, que ser responsables de sus decisiones.
Es el caso de la chica que le pregunta a la mamá ¿Qué debo estudiar?, O el caso del chico que pregunta ¿Cuál carrera da más dinero?
El precio de seguir los impulsos del corazón, de tomar tus propias decisiones, es la posibilidad de fracasar.
Nadie puede esperar tener éxito con tan solo unos intentos. La historia está llena de hombres que estuvieron peleando por sus ideas, y que después de fracasos temporales, obtuvieron el éxito. Aplicaron la persistencia en sus sueños.
Para un militar, su orgullo son las heridas de guerra. Y para el hombre de negocios, hablar de sus fracasos antes de alcanzar la cima.
Aunque las derrotas temporales causen dolor… cuando sean cosa del pasado, será divertido recordarlas. Le darán más valor al éxito.
Hay que detener a esas personas mata pasiones, y no escucharlas cuando quieran dirigir el coche de tu vida, a una velocidad diferente a la que tú lo haces. No conocen porqué haces lo que haces. No conocen tu vida, como tú la conoces. No comprenden tus sueños y motivos.
Pero ellos en sus consejos, proyectan lo que son. Lo que hacen. Lo que harían en tu lugar.. Y si les haces caso… vas a acabar siendo como ellos.
Las personas que han tenido éxito, primero se escuchan a sí mismas. Fueron tercas en escucharse primero a ellas mismas, antes que a los demás.
Experimentad la emoción de conducir el coche de vuestra vida. Disfrútadlo a tu ritmo, a vuestra manera.
¡Suerte!
(Texto adaptado del original de Edgar Martínez. México)
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