Subo
corriendo las escaleras mientras me peleo con el botón de la cazadora. He visto el tren de lejos, no se si me va a
dar tiempo pero por si acaso me pego un sprint digno de Usain Bolt después de
comerse 3 pizzas y un durum doble mixto de postre. Regado generosamente con 2 litros de cocacola
light, por supuesto...
Resoplando
llego al torno, doy un ultimo tirón al bolsillo, saco el abono e intento meter
el billete. Al cuarto intento se valida
el abono, lo arranco de las fauces de esa maquina infernal y paso a
trompicones. Subo el último tramo de
escaleras y, cual guepardo artrítico, doy un salto con doble tirabuzón y me
planto en el tren una milésima de segundo antes de cerrar las puertas (Logro
desbloqueado: Ultimo en entrar… 10 MSP).
Miro alrededor
mientras recupero el poco aliento que tengo por las mañanas. Estoy en mi vagón, el de todos los días (el
ultimo del primer convoy). Hay menos
gente de lo normal, incluso veo un sitio libre enfrente de donde se sienta la
chica de “los pilares de la tierra”.
Jovencita, no más de 25 años, sobria vistiendo, tiene pinta de trabajar
de secretaria en alguna empresa no muy grande.
Siempre nos bajamos en la misma parada y la dejo pasar. Ella me sonríe y me da las gracias.
Pero hoy no
esta. En su lugar veo a un joven desgarbado
y repeinadisimo con maletín de portátil, jugando al scrabble en su iPhone. Miro alrededor, por si esta sentada en otro
sitio, pero va a ser que no. Me siento y
me pongo a hojear distraídamente un diario gratuito abandonado con la sensación
de que me falta algo...
26 minutos después
de ver lo mal que esta el mundo, lo peor que esta el país y lo jodida que esta
la gente, el tren llega a mi estación. Me
bajo sin la sonrisa y sin las gracias.
Recorro el andén hasta los tornos de salida, esta vez con calma y
sosiego. Salgo del tren y me dirijo a mi
línea de suburbano.
Tampoco está
hoy en su esquina el señor del violín tocando el Canon de Pachelbel. El pasillo resuena con los pasos de la gente,
llevando el ritmo pero sin melodía. Es
curioso como se acompasan los pasos de toda la gente al eco de fondo, como si estuviéramos
desfilando en una marcha militar y tuviéramos que llevar el paso…
En el andén
del metro también hay menos gente, y el metro tarda algo más de lo
habitual en llegar. Me subo y achaco mi
desasosiego al estrés. Últimamente me están
presionando bastante en la oficina. Intento
relajarme los 15 minutos que tengo de trayecto.
Llego a la estación, me bajo y salgo a la calle. De camino a la oficina compro el periódico donde
siempre, y al llegar a la puerta y empujar, esta no abre.
Vuelvo a
empujar. Nada…
Miro el móvil. Pone que es jueves, y no es festivo. También pone que son las 7 de la mañana. Y la oficina no abre hasta las 8….
Me quede sin
mi sonrisa diaria y sin mi pachebel por levantarme antes de tiempo…
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