Hoy estoy en
blanco. No se me ocurre sobre lo que
escribir.
Bueno, en
realidad no.
Podría escribir
sobre crisis, bankias, políticos e indignaciones varias, pero es un tema tan
recurrente y tan manido que me aburre en demasía.
Podría escribir
sobre alguna que otra patología psicosocial del ser humano, pero tampoco quiero
que mi estado de animo se vea influenciado, o que este se plasme en lo que
escriba y distorsione lo que en otras circunstancias seria un buen post.
Podría escribir
sobre cualquier tema inocuo: Música, Cine, Series, Televisión, teatro, parques
de atracciones, zoológicos, flores, animales, cuadernos de anillas, botellas de
agua, percheros, curiosidades del mundo, y un largo etcétera.
En realidad tengo
muchos temas e ideas en la cabeza, pero no me apetece empezar ninguno. Es lunes.
De hecho, es un
lunes perfecto. De libro. De los de
levantarse medio zombi sin un propósito definido hasta que pasan 10 minutos y
te encuentras delante del espejo a medio vestir (Pantalones puestos sin
abrochar, un solo calcetín y la camisa abrochada, pero con un botón saltado,
que no veas si jode cuando te das cuenta y tienes que desabrochar y abrochar
los botones otra vez….), justo después de empaparte la cara con agua porque
recuerdas vagamente que en medio de tu inconsciencia te vino a la cabeza que después
de mojarte la cara con agua te despejarías.
En ese momento suena la alarma pospuesta los 10 minutos de rigor unas 4
o 5 veces…
Con un poco más
de esfuerzo del habitual consigues medio adecentarte, con todo más o menos puesto
en su sitio, y te vas a por tu café. Ese
néctar de los dioses, dulce ambrosia celestial que consigue, por un corto
periodo de tiempo, hacerte pensar que el día no va a ser tan malo como ha
empezado...
Sales de casa y te tragas un atasco que no es de este mundo (por otra parte normal un lunes, si ej que vais todos empanados…), llegas al trabajo y aquello empieza a contagiarse. Porque los lunes se contagian.
Cada vez más cansancio,
más sueño, intentando que el día se pase lo más rápido posible para poder salir,
volver a casa y tirarte en el sofá con un cubo de Jagendaas de brouni con
cuquis de a kilo y una cuchara sopera de madera.
Por suerte en
cuanto sales parece que la cosa mejora por momentos, y al llegar a casa, aunque
el cansancio esta ahí, el estado de ánimo ha mejorado bastante.
Así que en esas
estamos, esperando a que toquen la campana e inicie mi tocata y fuga en pie
mayor hacia mi cueva…
Saludos.
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