Un ángel dormido. Una visión etérea de
una ninfa de los bosques. Grácil,
delicada, me dedico a observarla sin apenas respirar por miedo a que se
despierte y desaparezca este instante perfecto. Se despereza con un
movimiento fluido, casi felino, emitiendo un gorgoreo de felicidad, para quedarse
muy quieta después. ¿Qué suerte de acontecimientos nos han traído hasta aquí?
Los caprichos del destino son extraños, pero esa noche se dio un cúmulo de circunstancias
de las que se dan una vez cada cien años.
Si no se hubiera acercado, si no me hubiera hablado, si yo no hubiera
respondido como lo hice, las cosas habrían sido diferentes. Quizás no la habría acompañado a casa,
incluso si lo hubiese hecho quizás no me hubiera invitado a subir. Me
sorprendió que lo hiciera, pero no tenia ganas de irme a casa, así que acepte
la copa que me ofrecía.
Seguimos charlando animadamente. Se
barruntaba cierta tensión en el aire, como la que hay horas antes de una
tormenta, ambos expectantes, esperando que ocurriese algo, pero sin atrevernos
a dar ese primer paso. Sin darme cuenta
ella poso un beso tierno en mis labios, y se retiro tímidamente, como si
hubiera hecho algo malo. Me supo a miel
y quería más…
Empezamos a acariciarnos muy despacio.
Su suave piel se erizaba con el contacto de las yemas de mis dedos, se estremecía
si rozaba con mis labios los suyos, si le mordía un lóbulo. Según iba reaccionando, yo me iba excitando más
y más.
Nos levantamos, la abrace por detrás y seguí besándola y acariciándola. Llegamos a su alcoba y empezamos a
desnudarnos el uno al otro, muy despacio
deteniéndonos en cada prenda como si fuera lo más delicado del mundo.
Baje deleitándome en la tersura de su piel, la firmeza de sus senos, paso
las manos por sus contorneadas piernas, hacia la cadera, y sigo bajando los
labios por el estomago, el ombligo, las manos suben un poco mas, los labios
bajan un poco mas, despacio, un poco mas, un poco mas, y llegan a su destino
final.
Se arquea con un gemido suave, casi un ronroneo, cogiendo aire y reteniéndolo un momento para soltarlo en un suspiro de placer. Vuelve a hacerlo, cada vez más intenso, cada
vez más aprisa. Se queda quieta un
momento, los músculos en tensión, aguantando la respiración y al soltar el aire
llega a su universo privado de placer.
Poco a poco baja la intensidad, recupera una respiración mas pausada. Subo hacia arriba recorriendo con mi lengua
su cuerpo hasta el cuello, y de ahí a los labios. Nos quedamos un momento abrazados.
Con la yema de los dedos recorro su espalda, noto que le entra un escalofrió
y suspira. Vuelvo a rozar con mis labios los suyos, vuelve a encenderse el
fuego. Nos acercamos mutuamente, entrelazamos nuestras piernas y…
Abre los ojos y me mira, una mirada radiante y a la vez etérea.
Le sonrío. Se acerca y posa sus labios sobre los míos. Una
vez. Otra. Calientes y delicados, dulces y suaves, noto como se
estremece cuando los muevo hacia el cuello. Poso una mano delicadamente
en su hombro y la desliza hacia la cintura, deleitándome en la suavidad de su
curva. Despacio, la acerco a mi, deseándola con todo mi ser. Noto
como me invade una urgencia conocida, un deseo irrefrenable. Me dejo
llevar, anhelo que me lleven a esa promesa de dulce pasión.
Vuelve a sonreírme, y nos fundimos en un solo ser ávido de placer.
Otra vez…
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