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20120607

Deseo




Despierto inundada de oscuridad.  Tan relajada como para no querer abrir los ojos todavía.  Siento algo, me regodeo en esa sensación.  Hay alguien cerca de mí, puedo oír su respiración, intuir su presencia.  Me desperezo y estiro con un suave quejido.  Me relajo.  Intento recordar…


Siempre había parecido un poco inaccesible, pero en cuanto le di un poco de coba esa noche empezó a soltarse.  Tampoco se muy bien porque le invite a subir a tomar la ultima a casa, no sabia si aceptaría o si yo quería realmente que lo hiciera.

Sentados en el salón, cada uno con su copa, riendo y charlando de todo y nada, nos acercábamos el uno al otro poco a poco, como si temiéramos que un mal movimiento de uno hiciera escapar al otro.

Me arriesgué con un beso tímido, expectante, sin saber que iba a pasar.  Se le ilumino la cara con una sonrisa y me devolvió el beso.

Como una presa cuando desborda, nos abandonamos al mero placer de besarnos y acariciarnos con deleite, despacio, suave.  Me estremecen sus labios posándose en mi cuello, en la mandíbula, en la barbilla, apretándose con los míos, su mano jugueteando con mi pelo, su respiración acelerándose por momentos.

Nos levantamos, me abraza por detrás y sigue besándome la nuca y la espalda mientras sus manos recorren mis pechos y mi abdomen.  Caminamos hasta mi habitación, y comenzamos a desnudarnos el uno al otro, sin prisa pero con la celeridad fruto de la promesa de un placer mayor.



Sigue acariciándome, besándome cada centímetro de mi piel.  Con cada beso mi espalda se arquea, cada caricia arranca de mi un suspiro anhelante.  Sus labios se detienen en mis pezones, rozándolos como una pluma, se endurecen con un leve contacto de su lengua.

Baja recorriendo con sus labios mi abdomen hacia el ombligo mientras sus manos suben desde las piernas para coger firmemente mis pechos.  Siento como un fuego sube de mi cadera hacia el pecho, me abrasa por dentro, un calor dulce y expectante.  Baja sus manos a mis caderas y toca suavemente mi sexo con su lengua. 

El fuego aumenta, despacio, como el sol de un amanecer de primavera que va calentando poco a poco según sube al cielo.  Sigue besándome y acariciándome, pero yo voy perdiendo la noción de como y donde.  Me estremezco de placer, comenzando a gemir, primero solo un breve murmullo, luego un grito al extasis, y durante un minuto el mundo desaparece alrededor.  Solo queda mi cuerpo y el estallido de sensaciones abrumadoras que me dejan exhausta, dejando un cálido rescoldo del fuego abrasador.

Poco a poco recupero el aliento, bajando de la nube a la que me había guiado.  Veo que se acerca, me sonríe y me besa.  Yo le sonrió y me refugio en el hueco de su hombro.  Con la yema de sus dedos empieza a recorrer la espalda, e involuntariamente un escalofrió recorre todo mi cuerpo, avivando ese deseo de volver a tocar el cielo.

Vuelvo a rozar con mis labios los suyos, vuelve a encenderse el fuego.  Nos acercamos mutuamente, entrelazamos nuestras piernas y…


Noto que me esta mirando.  Abro los ojos y le veo, observándome.  En cuanto abro los ojos me sonríe.  Tras un instante de mutua contemplación pregunta:

     - ¿Qué tal?
     - Relajada

Le sonrío.  Se acerca y posa sus labios sobre los míos.  Una vez.  Otra.  Calientes y delicados, dulces y suaves, siento un escalofrío en toda la espalda cuando se mueven hacia el cuello.  Posa una mano delicadamente en mi hombro y la desliza hacia la cintura, como el aleteo de una mariposa.  Despacio, me atrae con esa mano hacia él.  Noto como me invade una urgencia conocida, un deseo irrefrenable.  Me dejo llevar, anhelo que me lleven a esa promesa de dulce pasión.

Vuelve a sonreírme, y nos fundimos en un solo ser ávido de placer. 

Otra vez…

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